Prevención

Hacia relaciones respetuosas en el entorno educativo

¿Qué es la prevención?

El entorno educativo es un espacio clave para prevenir la violencia de género y promover una convivencia basada en la igualdad, el respeto y el buen trato. Prevenir no consiste solo en informar sobre la violencia cuando ya aparece, sino en desarrollar una acción educativa continuada que ayude a identificar desigualdades, cuestionar estereotipos y fomentar relaciones sanas desde edades tempranas.

La sensibilización y la información son pasos necesarios, pero no suficientes. La prevención exige incorporar de forma intencional aprendizajes, actitudes y prácticas que reduzcan los factores de riesgo y fortalezcan los factores de protección. Esto implica trabajar la educación emocional, el pensamiento crítico, la corresponsabilidad, la resolución pacífica de conflictos y el respeto a la diversidad, tanto dentro como fuera del aula.

Prevenir también supone revisar la vida cotidiana del centro: qué expectativas se proyectan sobre niñas y niños, qué modelos de relación se legitiman, cómo se organiza la participación en clase, qué lenguaje se utiliza y qué mensajes transmiten los materiales educativos, los juegos, las pantallas o las redes sociales. En un contexto en el que la violencia también puede expresarse mediante el control digital, la presión grupal, la humillación o la difusión no consentida de contenidos, la prevención debe adaptarse a la realidad actual del alumnado.

Educar para prevenir significa, en definitiva, construir una cultura escolar que no tolere el sexismo, que detecte de forma temprana las señales de alarma y que favorezca vínculos igualitarios, libres y seguros.

Romper estereotipos

Cuestionar los mandatos de género y ofrecer referentes diversos que amplíen las posibilidades de desarrollo personal, académico y social de niñas y niños.

Relaciones saludables

Promover vínculos basados en el respeto, el consentimiento, la empatía, los límites y la resolución pacífica de conflictos.

Coeducación activa

Integrar la igualdad en el día a día del centro, en la práctica docente, en los materiales, en el lenguaje y en la participación del alumnado.

Prevención temprana

Detectar señales de riesgo y actuar antes de que las desigualdades, el control o la violencia se normalicen en las relaciones entre iguales.

    • La interacción en el aula.

    ¿Nos relacionamos igual con todo el alumnado? ¿Se reparte del mismo modo la atención, la palabra, la exigencia o el reconocimiento? La escuela no es ajena a los estereotipos de género, y a menudo sigue proyectando expectativas diferentes sobre niñas y niños: a ellas se las asocia con la responsabilidad, la discreción o el cuidado; a ellos, con la iniciativa, el liderazgo o la transgresión. Estas atribuciones condicionan la participación, la autoestima y la forma de situarse en el grupo.

    También conviene revisar la orientación académico-profesional. Aunque el rendimiento de las chicas suele ser igual o superior al de los chicos, persisten sesgos que influyen en la elección de estudios y profesiones, especialmente en ámbitos STEM, tecnológicos o de mayor reconocimiento social. Para trabajar esta cuestión con perspectiva de género siguen siendo de utilidad los Cuadernos de educación no sexista del Instituto de las Mujeres, entre ellos materiales sobre orientación y prevención de estereotipos.

    • La identidad femenina y masculina.

    La identidad no se construye al margen de la cultura. Desde edades tempranas, niñas y niños reciben mensajes sobre cómo “deben” ser, sentir, vestir, comportarse o relacionarse. La escuela puede reproducir esos modelos rígidos o, por el contrario, ofrecer un espacio donde cada persona pueda desarrollarse sin verse limitada por expectativas sexistas. Trabajar la prevención pasa por favorecer identidades más libres, respetuosas y diversas.

    • El uso del lenguaje.

    El lenguaje no es neutro: nombra la realidad, la organiza y también puede invisibilizarla. Revisar expresiones, ejemplos, materiales y formas de dirigirse al alumnado ayuda a construir un entorno más inclusivo e igualitario. Si te interesa profundizar en esta cuestión, puedes consultar los materiales sobre uso no sexista del lenguaje en educación disponibles en el Instituto de las Mujeres.

  • Las formas de relación entre iguales también educan. El juego, el ocio, los referentes audiovisuales y los espacios de socialización transmiten valores, modelos de masculinidad y feminidad, y maneras de resolver los conflictos. Por ello, la prevención exige prestar atención a cómo se relaciona el alumnado dentro y fuera del aula.

    • Conviene observar qué ocurre en el recreo, en el trabajo cooperativo y en los tiempos de juego: quién ocupa el espacio central, quién cuida, quién decide, quién interrumpe o quién queda al margen.
    • Promover juegos no sexistas y cooperativos ayuda a reforzar valores como la amistad, la igualdad, el respeto y la inclusión. Para ello pueden resultar útiles varios materiales coeducativos del Instituto de las Mujeres.
    • También es importante revisar juguetes, series, vídeos, música y contenidos digitales, ya que muchas veces siguen asociando a las niñas con el cuidado, la belleza o la pasividad, y a los niños con la fuerza, el riesgo o el dominio.
    • En la actualidad, esta reflexión debe ampliarse al uso de pantallas, redes sociales y videojuegos. No solo transmiten estereotipos, sino que a veces normalizan el control, la hipersexualización, la agresividad o la presión social. La prevención pasa por enseñar a mirar críticamente estos mensajes y a detectar conductas problemáticas también en el entorno digital.
    • En este sentido, sigue siendo útil la Guía didáctica para el análisis de los videojuegos, así como otros materiales del Instituto de las Mujeres sobre igualdad, educación y ciudadanía digital.
  • Una de las principales funciones de la educación es formar personas capaces de convivir en igualdad, reconocer la injusticia y actuar frente a ella. La prevención de la violencia de género no puede entenderse como un contenido aislado, sino como una línea de trabajo transversal que atraviesa la vida del centro y la práctica docente.

    Educar en valores implica trabajar la igualdad, la justicia, la autonomía, la corresponsabilidad, el respeto a la diversidad, la empatía y el cuidado mutuo. Supone también enseñar a poner límites, identificar relaciones de control, desmontar mitos del amor romántico y reforzar habilidades para comunicarse y resolver conflictos sin violencia.

    Desde esta perspectiva, la coeducación no es una actividad puntual, sino una forma de mirar y de enseñar. Afecta a los agrupamientos, a los patios, al reparto de tareas, a los materiales, a la tutoría, a la orientación y a la participación del alumnado. Revisar si el proyecto educativo incorpora realmente la igualdad de manera transversal es un paso fundamental para prevenir.

    Para profundizar en ello, puedes consultar las publicaciones educativas del Instituto de las Mujeres, entre ellas los materiales coeducativos dirigidos al profesorado, así como recursos sobre educación afectivo-sexual como El amor y la sexualidad en la educación, que sigue siendo una referencia útil para trabajar el buen trato, la relación con el propio cuerpo y la construcción de vínculos igualitarios. También puede resultar de interés la guía La educación sexual de la primera infancia, orientada a familias y profesorado desde una visión integral y preventiva.

¿Necesitas ayuda?

Si estás sufriendo violencia o conoces a alguien que la sufra, puedes contactar con el 016. Es gratuito y confidencial. También ofrece atención por WhatsApp, chat online y correo electrónico.

Llamar al 016Enviar WhatsApp al +34600 000 016Enviar SMS al 016Enviar correo a igualdad@femp.es

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